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IUS-Etica Un nuevo paradigma: Estado Etico de Derecho

El Derecho está agotando sus fuerzas y requiere de una revitalización que sólo la Moral puede brindarle

POR QUÈ EN LA MORAL PÙBLICA NO OPERA EL LIBRE ALBEDRÌO Juan Josè Bocaranda E



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Aquì cabe de todo
POR QUÈ EN LA MORAL PÙBLICA NO OPERA EL LIBRE ALBEDRÌO
Juan Josè Bocaranda E

Estamos de acuerdo con la tesis de que la Moral no puede ser impuesta por la fuerza al individuo porque si èste no actùa con conciencia y libertad, no hay mèrito en su acción, y, por lo tanto, no se perfecciona moralmente. Sin embargo, en criterio de la IUS-ÈTICA, este principio no opera en la esfera de la Moral Pùblica.

En la MORAL PÙBLICA el funcionario debe cumplir por fuerza el Principio Ètico porque no es dueño de esa realidad, sino su subordinado y, por consiguiente, no està en libertad de disponer de ella. Allì carece de libre albedrìo, es decir, del poder de opción, de la facultad de elegir entre aceptar la norma moral o rechazarla.

La razón de ser de esta diferencia entre la Moral Privada y la Moral Pùblica radica en el fin de una u otra: la Moral Pùblica no persigue el perfeccionamiento interno del individuo como tal, sino  el perfeccionamiento del individuo como funcionario, para que el Estado al que pertenece también se perfeccione, rindiendo con la mayor efectividad. En consecuencia, para la Moral Pùblica no interesa el mèrito moral del sujeto, sino su mèrito funcionarial, es decir, su mayor rendimiento consciente como agente del Estado.
Si se admite que el libre albedrìo opera en la Moral Pùblica,   el Estado desemboca en el caos y en una ineficiencia total, pues cada funcionario obra conforme a su capricho y a sus intereses.
Como en el Estado de Derecho no impera la Moral con acento, sino un tenue asomo, lejano y tìmido de èsta, el funcionario se cree en libertad de elegir, moralmente, entre cumplir y hacer cumplir la ley, o abstenerse de cumplirla y permitir que los demás tampoco le den el debido cumplimiento.
Con esto  queremos decir que en el Estado de Derecho el deber del funcionario es meramente jurídico, no moral, a diferencia del  ESTADO ÈTICO DE DERECHO, donde el funcionario será sancionado si se abstiene de cumplir el Principio Êtico o cuando lo viola directamente.

El libre arbitrio constituye en el ESTADO DE DERECHO, el màs amplio y libre portalón para la irresponsabilidad del funcionario y para la ineficiencia del Estado.







EL CONTROL MORAL DE LA CONSTITUCIONALIDAD Juan Josè Bocaranda E







LA CLAVE IUS-ÈTICA DE HOY.
EL CONTROL MORAL DE LA CONSTITUCIONALIDAD
Juan Josè Bocaranda E



Conforme a la Ius-ètica, existe la posibilidad de controlar la constitucionalidad en forma profunda y eficaz, y ello se da en Sistema de Acciones y Recursos Morales dirigidos a la recuperación del Principio Ètico, en forma análoga a como se utilizan los medios y recursos procesales tradicionales, de control de la constitucionalidad cuando ha sido violado el Principio Jurìdico.





VENTAJAS DEL ENJUICIAMIENTO MORAL DEL FUNCIONARIO. Juan Josè Bocaranda E






LA CLAVE IUS-ÈTICA DE HOY.
VENTAJAS DEL ENJUICIAMIENTO MORAL DEL FUNCIONARIO.
Juan Josè Bocaranda E

Entre las VENTAJAS del enjuiciamiento del funcionario conforme al SISTEMA IUS-ÈTICO, se encuentran las siguientes:
1.  Otorga mayor libertad de argumentación que las Acciones que se ejercen dentro del Estado de mero Derecho, porque permite destacar con amplitud y libertad la evidencia de la violación del Principio Ètico conforme a los parámetros  del Ordenamiento Jus-ètico, regido fundamentalmente por la LEY MORAL.
2.  Permite ir al fondo axiológico de la autorìa del acto, profundizando en los motivos últimos, para establecer el grado de responsabilidad moral del autor.
3.  Deja establecido còmo la validez del acto jurídico descansa sobre la corrección ética del acto humano que la genera.
4.  Reivindica el Principio de Eticidad del Estado Ètico de Derecho.
5.  Cumple un cometido pedagógico disciplinario, puesto que obliga al funcionario a obrar reflexivamente, en función de los valores èticos y de los principios morales, para realizar el acto en nombre del Estado…


DULCE JUBILACIÒN Juan José Bocaranda E



Prensa



 Aquí cabe de todo
DULCE JUBILACIÒN

Juan José Bocaranda E

Un viejo amigo no sabía  qué hacer con su  jubilación. Cabizbajo, caminaba  con las manos en los bolsillos, como agobiado por  un peso invencible. Era la invitación misma a la enfermedad y a la muerte.

La jubilación  puede  constituir, según algunos especialistas y para algunas personas,  una de las crisis vitales más importantes: infelicidad, desadaptación, disminución de las relaciones sociales, alteración de las relaciones familiares, ansiedad, miedos, disminución de ingresos, disminución de autoestima.

No todos los  jubilados gozan de la posibilidad de refugiarse en el golf o en otros esparcimientos deportivos.  Ni todos pueden disponer de los recursos necesarios para viajar. Pero, lo fundamental no radica en los alcances pecuniarios, sino en evitar el tedio, el desgano, la sensación de inutilidad, cuya influencia debe ser contrarrestada por la realización de una labor útil.

Le aconsejé que buscase algo que hacer. Alguna actividad que generara  objetivos para cada mañana. La persona que no tiene objetivos en la vida, casi no puede  ni levantarse de la cama, pues ¿para qué y a qué?

Le sugerí se dedicase a la apicultura y, para incitarlo a la acción mediante un ejemplo de la vida real,  le hablè largamente de Mauricio Maeterlinck. Le dije que se trataba de un escritor belga quien obtuvo el  Premio Nobel de Literatura, en 1911. Pretendì llenarlo de fervor agregando que Maeterlinck, a los ochenta y un años, se marchó a California, a criar abejas, prosiguiendo en aquel dulce quehacer, hasta su muerte, ocurrida en  l949.
En su libro “La Vida de las Abejas”, -le  comentè también-  Maeterlinck, como lo hiciera el poeta Virgilio  treinta años antes de Cristo, describe, en un auténtico himno a la dulzura,  la colmena, el enjambre y la matanza de los zánganos, y se detiene a pintar, en “el vuelo nupcial”, la manera en que se efectúa la fecundación de la abeja reina.

Hasta le leì unas líneas textualmente: “En torno a la reina virginal, y viviendo con ella entre la multitud de la colmena, se agitan centenares de machos exuberantes, siempre ebrios de miel, cuya única razón de existir es un acto de amor”…

Para despedirme le agreguè: Si no escribes un libro sobre las abejas, por lo menos dedícate a cultivarlas. De esta manera te  endulzarás los días y soñarás  mieles por las noches.  Pero algo tienes que hacer, en algo debes ocupar el tiempo y distraer la mente. De lo contrario, te matarán el tedio y la tristeza….
…Una tarde me acerqué a la playa de Pampatar.  Allá, no muy lejos del Fuerte, pude ver  a mi amigo frente a un caballete, empuñando un pincel: había seguido mi consejo. Y si no se había arriesgado a soportar las picaduras de las abejas ni a escribir un libro sobre los panales, por lo menos se había dedicado a pintar paisajes.

Era la mejor manera de librarse de aquel suicidio paulatino que le había estado causando la amargura de  no hacer nada.

“Hay que jubilarse del trabajo, pero no de la vida” – me dijo, sonriendo y convencido…