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IUS-Etica Un nuevo paradigma: Estado Etico de Derecho

El Derecho está agotando sus fuerzas y requiere de una revitalización que sólo la Moral puede brindarle

LAS GARANTÌAS DEL ESTADO DE DERECHO. JUAN JOSÈ BOCARANDA E

Se critica, con frecuencia,  el incumplimiento de las garantías constitucionales, pero no se presta atención, de ningún modo, a la esencia formalista del Estado de Derecho y a la ausencia de la responsabilidad moral en la realización de aquèllas.

“Garantìas constitucionales…garantías procesales…” Pero, a la hora de la verdad, el Estado de Derecho nada garantiza.: en el Estado de Derecho, el Derecho es inseguro, como veleta expuesta a todos los vientos, justamente porque no funciona el timón de la Moral, a diferencia del Estado Ético de Derecho, que cuenta con un cartabón superior (Principio Ético), expresión de la Ley Moral, dirigida, objetivamente, a la satisfacción real de la dignidad humana.

En el sistema de mero Derecho, el concepto de Justicia se inclina a un enfoque predominantemente formal, mediante una interpretación dogmático-conceptual de la ley, que impide soluciones de equidad. En un régimen hiperpolitizado, el concepto de Justicia se satura de ele­mentos perversos que la convierten en “justicia de partido", fundada en una ideología sectaria y excluyente, que contradice la esencia de aquélla, aun cuando se hable de Estado de Derecho. En el Estado de Derecho, además, se deja al libre albedrìo del funcionario, que èste acate o desacate, cumpla o haga cumplir la ley, conforme a sus propios intereses.

El Estado Ético de Derecho conjuga esencialmente los Principios Ético y Jurídico, y por esta razón el concepto de Justicia se define con referencia al Principio Superior de Perfección del orden moral, vertido sobre el Principio de Perfección del orden social, en función, siempre, de la dignidad humana. El Estado de Derecho se satisface con el Principio Jurídico y, cuando oca­sionalmente menciona la Ética, lo hace desde muy lejos, como quien apenas tolera la sombra de un intruso.

Mientras en el Estado de Derecho el Estado es juez y parte a la vez, pues elabora las leyes y las administra, en el Estado Ético de Derecho, tanto el Estado como el Derecho se supeditan a una instancia superior, que es la Ley Moral.

En fin, el Estado de Derecho cuadraba con el espíritu de las apariencias, propio de los siglos anteriores, a diferencia del Estado Ético de Derecho, que corresponde al espíritu de apertura, de autenticidad, que demanda el nuevo milenio.

El Principio Ético constituye una garantía práctica, un recurso expreso, real, cierto, que el pueblo puede utilizar con eficacia, y cuya sola presencia advierte de su fuerza potencial. Una vez se desencadene esta fuerza, su inercia positiva impulsará el desarrollo del Estado y el saneamiento de la Adminis­tración Pública. Claro que el Principio Ético no puede marchar solo: se requiere el ímpetu consciente de los ciudadanos, que le dinamicen, a través de los Recursos de Reclamo y de Queja Moral y del ejercicio de las Acciones Morales, en contra de la arbitrariedad. Especìficamente, la Acciòn de Enjiciamiento Moral de los funcionarios.
    
En el Estado de Derecho se establecen las llamadas “garantías constitucionales”, Pero, el Estado de Derecho realmente nada garantiza. Nada puede garantizar porque deja de lado la “garantía garante” radical e ineludible del Principio Ètico, único que puede asegurar el cumplimiento de la Constituciòn y de las leyes, en la medida en que todas y cada una de las actuaciones del Estado se funden en la conciencia moral de los funcionarios, incitados, no por conveniencias personales o de grupo, sino por la convicción interna de la necesidad moral. Es cierto que la sujeción a la ley, la separación de los Poderes, el control contencioso-administrativo y constitucional, la tutela judicial, el reconocimiento de los derechos fundamentales, etc., son rasgos constitutivos del Estado de Derecho. Pero, ¿puede funcionar en la pràctica alguno de ellos, como es debido, sin la injerencia directa del Principio Ètico, es decir, sin un funcionario moralmente consciente?

En el mundo de hoy, pretender conducirse solamente por el Principio Jurìdico, manifiesta una actitud obsoleta, propia de la prehistoria del Derecho, cuando aùn no habían sido proclamados los derechos humanos, cuya fundamento es la Moral.



CONTRA UNA CONCEPCIÒN ESTRICTAMENTE JURÌDICA DE LO JURÌDICO. Juan Josè Bocaranda E



     A finales de la primera mitad del Siglo XX, el Derecho se dio cuenta de sus limitaciones. Después de haber comprobado por su propia experiencia cómo el nazismo lo había manipulado abusivamente, utilizándolo para revestir con ropaje jurídico los más graves atropellos contra la esencia misma de lo humano, se sintió obligado a buscar ayuda en la Moral. Porque sólo ella, por causa de su naturaleza, podía otorgarle la firmeza axiológica superior que hubiese logrado evitar tan grave desviación.
     Es que una concepción estrictamente jurídica de lo jurídico, no constituye base firme para que el Derecho pueda marchar a impulsos de su sola entidad: se requiere del apoyo de la Moral, lo que trae como consecuencia la necesi­dad de que no se limite hoy al control puramente externo del conglomerado social, sino que se erija en instrumento colaborador para el ascenso de la Humanidad.
     En el mundo crecientemente complejo de hoy, se precisa adecuar las ins­tituciones a las necesidades históricas y sociales, y que el ser humano haga honor a su nivel de evolución, exigiendo el hallazgo de nuevos medios de reivindicación de la Justicia y la implantación de las condiciones requeridas para el sosiego de la Humanidad.
     Estamos viviendo una realidad crecientemente peligrosa para la supervi­vencia del Mundo: como escribe Ricardo Morales Basadre (Hacia una ética global y una ética pública), vivimos "situaciones colectivas de alto riesgo", como "la amenaza de la energía atómica, el sombrío panorama ecológico o los riesgos de la manipulación del caudal genético del hombre".
     Aumenta el número de naciones provistas con armas atómicas, y el de individuos y grupos dedicados a un terrorismo atroz. Los Estados realizan esfuerzos para contrarrestarlo y dominarlo a través de medios represivos y jurídicos, con la ilusión de que ello será suficiente, sin profundizar en el estudio de las causas, pues ignoran sus propios defectos, que se sintetizan en uno substancial: la falta de autenticidad moral. Se autodenominan "Estados de Derecho", y en ello se complacen, sin pensar que el Derecho no funciona cabalmente sin la convicción moral de su necesidad. Se aferran a la concepción meramente externa del Derecho, definiéndolo dogmáticamente como simple regulador de las relaciones del hombre en sociedad, sin mirar que tales rela­ciones no pueden ser eficaces si pretenden sustentarse a sí mismas, es decir, sin que el andamiaje jurídico se apoye en un "piso" de solidez espiritual, y sin que les alimente una teleología superior.
     Por estas razones, en el presente milenio, la Humanidad espera la confor­mación de un Derecho radicalmente distinto, y exige al Estado un criterio más elevado de calificación del funcionario público, que vaya mucho más allá y por encima del simple enfoque jurídico: ese criterio es la idea de respon­sabilidad moral, cónsona con un Derecho Nuevo que, por cuanto se conjuga substancialmente con la Moral, debe recibir una denominación igualmente nueva: nosotros proponemos el término Ius-ética.
     Mientras el pensamiento tradicional fundamenta el concepto de Derecho sobre ideas y criterios puramente jurídicos, la Ius-ética destaca la comunión de los elementos jurídico y moral, de tal forma que, a la definición del Derecho, concurran por esencia, ambos factores.

     Ello implica la necesidad de que asumamos el Principio Ético como plataforma para la construcción de una institución novedosa que haga efectivo el reclamo de la sociedad por un Estado verdaderamente moralizado, por una Justicia Ética y por un funcionario plenamente responsable.

LENGUAJE DE DELINCUENTES. Juan José Bocaranda E







LENGUAJE DE DELINCUENTES
Juan José Bocaranda E

-Tuerces la ley para tu beneficio como si fueses su dueño. Tus sentencias son un amasijo de falacias, que enfilas, conforme a tu interés, hacia el mejor postor. Y eso es inmoral.

-¡Papá, déjate de los remilgos moralistas de los jueces viejos!. Hoy vivimos otras realidades, distintas a las de tus días de juez.

-La Moral no envejece. No es cuestión de tiempo sino de consciencia y de dignidad. El hombre consciente y digno existe en todas las épocas, porque la una y la otra son base y condición de los valores morales y espirituales.

-Yo me someto al libre albedrío, y punto. Lo demás no cuenta para mí.

-¡Cómo has cambiado! Tú no eras así. No fue así como te formamos tu madre y yo.

-Sí. Desde que “descubrí” lo conveniente del libre albedrío soy otro.

-Pero, te equivocas. El libre albedrío cabe cuando se trata de la Moral privada, no de la Moral Pública, a la que no tienes derecho de acomodar a tu conveniencia. Porque justamente pertenece a una esfera que está por encima de los intereses particulares.

-¿Podrías explicarme por qué?

-Como individuo, cuando practicas los valores morales, estás propugnando por tu propio desarrollo espiritual. Ese es el fin de la Moral privada. En cambio, como funcionario, tu conducta debe someterse a los dictados de la Moral Pública, que no persigue el desarrollo espiritual del individuo, sino el desarrollo espiritual de la sociedad, del país. Ambos aspectos deben marchar juntos, por razones de coherencia y de integridad moral.

-¡Bah! Simples sutilezas de la gente que se las da “pensante” y que se dedica a eso porque le sobra tiempo. Son puras pendejadas.

-¿Pendejadas? ¿Adónde piensas llegar?

-Yo digo lo que un compañero de la Escuela de Derecho, cuando cursábamos segundo año: “lo mío es el billete. Lo demás no me interesa”.

-Qué lamentable. Ya hasta hablas como los delincuentes.


OSHO Y LOS DERECHOS HUMANOS. Juan José Bocaranda E

OSHO Y LOS DERECHOS HUMANOS

Juan José Bocaranda E


“Osho”, gurú disidente a ultranza, nacido en la India en 1931,  no dejó fuera de su actitud rebelde la cuestión de los derechos humanos. Independientemente de que nos solidaricemos o no con sus opiniones, vale la pena conocerlas. En su libro anota que “estamos viviendo en una sociedad hipócrita. La gente que está en el poder –político, religioso, social-, lo está porque la “Civilización” no ha ocurrido. Superficialmente el hombre se ha civilizado, pero en las oscuras profundidades del inconsciente, sigue siendo un bárbaro. Los que han estado durante miles de años en el poder -sacerdotes, políticos, superricos- tienen todo el poder para impedir la evolución humana. Y el mejor modo de impedirla es convencer al hombre de que “Ya está civilizado- La Declaración Universal de las Naciones Unidas sobre los Derechos Humanos, es la misma hipocresía .Hablan de los derechos. Pero ¿por qué no hablan sobre los deberes? Porque no quieren darte tus derechos humanos. Sin deberes, tan sólo puedes hablar de derechos, pero no los tendrás en tus manos. Y los políticos que han hecho esta declaración no tienen la menor noción sobre deberes. La gente que proclama estos Derechos Humanos, ¿qué autoridad tiene? Los políticos  son la causa de todas las guerras,  de toda clase de violencia que suceden en el mundo.

Los políticos son muy, muy astutos. No quieren controversia; sólo dicen cosas que te gustan y que les vayan a gustar a todos. No se preocupan por la situación actual y los cambios que necesita. Su único esfuerzo es tratar de hacerte feliz mediante falsas palabras. En ninguna parte del mundo se aplica ninguno de los derechos básicos. Y se dice:  si hay algún acto de barbarie, “la Humanidad en pleno” sufre en su consciencia, siente el dolor, la angustia. Pero esto es mentira. No veo que la Humanidad tenga ninguna conciencia. En estos últimos cincuenta años hemos cometido más actos de barbarie que en toda la historia del hombre. En diez mil años no hemos sido capaces de cometer tantas barbaridades como hemos cometido en sólo cincuenta años. Nos estamos volviendo cada vez más bárbaros; por supuesto con método y estilo. Eso de que todos los seres humanos nacen libes, es una absoluta tontería. Si todos los seres humanos nacen libres, deja a un niño en libertad: morirá en veinticuatro horas. El hijo del hombre es la criatura más desamparada del mundo. ¿Qué libertad puede tener? No puede caminar, no puede hablar, no puede volar...  La parte más sibilina de la mentalidad de los políticos es proporcionarte la idea de que no necesitas libertad. “No pidas libertad. Naces libre, todos los seres humanos nacen libres”. Todos los seres humanos nacen totalmente desamparados y dependientes. Liberarse les puede llevar años. E incluso millones de personas nunca llegan a ser libres. Esta Declaración dice que nacen libres. Yo digo, millones de personas mueren... y aún entonces no son libres. Y tú lo sabes por tu vida: no eres libre.

¿Qué todos tienen el derecho a la libertad de opinión y expresión?  Esto no es cierto. El Parlamento de la India ha incitado a la gente y a los periodistas indios a que no le concedan ningún espacio a mis ideas. El gobierno americano ha presionado al gobierno indio para que no permita a ningún periodista occidental hacerme una entrevista. El gobierno americano ha estado haciendo dos cosas: diciendo a todos los gobiernos de Europa y de Australia que deben prohibirme la residencia en sus países, y que desde cualquier lugar debo ser enviado de vuelta a la India. Así que todos los países de Europa han tramitado resoluciones en sus Parlamentos para que no se me admita ni siquiera como turista por tres semanas. La idea americana es que no sea permitida mi entrada en ningún país, que a nadie que quiera verme o reunirse conmigo, le sea permitido venir a la India”.
No es de extrañar que este personaje, rebelde hasta la tumba, fuera objeto de persecuciones. Estuvo preso en Estados Unidos, en cuyas cárceles fue  envenenado, lo que  le causó la muerte a la edad de 58 años. Dejó una herencia valiosa de pensamiento trascendente, y miles de seguidores en todas las latitudes. Los enemigos pueden destruir el cuerpo físico, pero el alma, jamás...



LAS CALLES DE LA NOCHE. Juan José Bocaranda E

LAS CALLES DE LA NOCHE

     Juan José Bocaranda E



¿Quién tiene autoridad moral para describir cómo son las calles en la noche cuando no se tiene adónde ir?
Yo. Porque lo viví…o, mejor aun, porque “lo morí…”
Actualmente estoy en el “bardo”, tiempo entre dos vidas que transcurrimos aquí, después de la muerte, preparándonos para una nueva “jornada”.
Estoy próximo a reencarnar. Naceré en la misma ciudad donde fallecí un 4 de agosto del año 2000. Naceré a trece años de ese momento…
Quiero consignar mis memorias antes de que las pierda, al descender al plano denso que me espera.
…………….
Por circunstancias que no viene al caso detallar,  llegó un momento en que la vida, el destino o la suerte, no sé, me arrojaron a las calles, cuando acababa de cumplir treinta y ocho años de edad. Había quedado, absolutamente, sin familia. Los amigos me habían dado la espalda desde que la prensa me describió como un ser abyecto, involucrado en un desfalco  cuantioso. Todo tan falso, tan irreal e injusto, que la vida miserable que entonces comenzaba para mí, fue mi mejor testigo. Si hubiese obtenido algún provecho pecuniario de aquel embrollo, no  hubiese vivido la penuria que habría de acompañarme hasta mi muerte, que me sofocó  en plena calle, en medio de un basurero.
Pero, no es mi intención relatar los vaivenes de mi vida durante los treinta años siguientes…Sólo voy a referirme, y muy  brevemente, a mi primera noche...
Esa tarde de mi primer día de desgracia, fue para mí un hachazo en plena nuca. Expulsado de la pensión por falta de pago, salí de allí a la una de la tarde. Apenas logré salvar una pequeña maleta con algunas prendas de vestir, unas fotografías de mi familia y otros enseres de uso personal…Lo demás quedó en poder de la dueña del establecimiento “como forma de pago”…
A medida que avanzaba la tarde, comencé a sentir un peso enorme, sobre la espalda; y el peso crecía y crecía cuanto más se acercaba la noche con su manto incierto.
La pequeña maleta se me hacía cada vez más pesada e insoportable.
Como no sabía adónde ir, me sentía aplastado, sin ganas de moverme. Me asfixiaba una mezcla horrible de angustia, tristeza, soledad y miedo. Me palpaba el pecho para ver si aún tenía corazón, pues me parecía más bien un ave muerta o una nuez seca. Y ello me acrecentaba el miedo, porque creía que la muerte me era inminente.
Recuerdo que esa primera noche una señora, no sé  por qué,  se condolió de mí y me brindó un plato de sopa y un pan. Le di las gracias y me paré en la esquina. Las calles se veían desiertas. Muy pocos vehículos. Uno que otro transeúnte.
Ah. La angustia y la sensación de soledad y desamparo que me asaltaron cuando me detuve en una encrucijada de cuatro calles. Entonces se me vino encima, en un instante, el inoportuno pensamiento de que todo ser humano debería gozar de la satisfacción de tener un destino, porque ello lo revitaliza con la esperanza, lo sustenta con la alegría, y lo alimenta  con la fe.  ¡Qué horrible carecer de razón o motivo para optar por una u otra calle!. Es como si las propias calles nos arrojaran poncheradas de desprecio, dándose el lujo de cerrarnos paso.
Temblaba no sé si por miedo o por frío, tal vez por fiebre. La primera de las mil fiebres que pasaría a la intemperie durante treinta años.
Mienten, por cierto, quienes dicen que uno se acostumbra. Jamás me acostumbré ni a la fiebre, ni al hambre, ni al dolor, ni a la soledad, ni a las humillaciones, ni al desprecio…todos forzados...
¿Qué uno no se enferma? ¿Para qué si la enfermedad comienza desde el primer día y jamás termina?
¿Qué uno vive despreocupado, sin responsabilidades? ¡Mentira! Sería antinatural. Lo que pasa es que la vida no nos da alternativas. Pero el dolor lo llevamos dentro, como una garrapata aferrada al pleno corazón…
Las piernas no me sostenían. Era como si supiesen y me dijeran “pero ¿para que vamos hacia allá, o hacia acá, si nada ni nadie nos espera?. No desperdiciemos energía, Vamos a descansar”…
Yo miraba las calles, brillantes como espejismos, que llevaban al infinito de la nada, sin ninguna esperanza…y eso desalienta a cualquiera.
Sin embargo, no me quedaba otra sino andar adonde las piernas decidieran ir por su cuenta…
Empuñé mi pequeña maleta y avancé por la penumbra en dirección a no sabía dónde…
Ya iría perdiendo por el camino de los años, trozo a trozo, aquella maleta. Por eso, cuando la policía recogió mi cadáver, sólo halló unos cartones, donde yacía yo, un despojo humano, un zurrón podrido…

No. De la soledad lacerante de las calles no puede hablar sino el que las haya vivido, o, más exactamente, “el que las haya muerto, como yo”…

DERECHO CAVERNARIO. Juan José Bocaranda E

DERECHO CAVERNARIO
   
                          Juan José Bocaranda E



La ley penal de las cavernas castiga el homicidio, no porque le interese un pelo  ese asuntejo de la Moral, sino por razones prácticas

-¿Cuáles son esas razones prácticas, profesor?
-Son varias:
1º.por política social, para aparentar que se cumple la justicia
2º.para cubrir las apariencias ante las otras comarcas cavernarias
3º.para apaciguar a los deudos y evitar venganzas por cuenta propia
4º.para justificar la creación de tribunales y dar ocupación a los desempleados
5º.para que no nos señale la comunidad internacional

-¿Entonces la Moral no tiene injerencia en el Derecho?
-¡Ninguna! Y así debe seguir siendo por lo siglos de los siglos.

-¿Por qué razón?
-Por la sinrazón de que  el Derecho debe ser libre. No necesita beatas ni chaperonas. ¿Qué sería de los privilegiados del  Derecho? ¿Qué sería de los usureros, de los banqueros, de los especuladores, de los contrabandistas, de los ladrones de cuello blanco, de los jueces alcahuetas, de los policías complacientes, de los traficantes de armas o de drogas? ¿Qué sería de los negocios? ¿Ustedes quieren que desaparezca la sociedad? ¿Ustedes quieren que la gente se muera de hambre? ¿Y dónde quedarían la productividad, el producto territorial bruto y las leyes de la economía ciega? Pues ello sucederá cuando se admita la injerencia directa de la Moral en el Derecho. Y yo no podría seguir aquí brindándoles mis valiosos conocimientos éticos y jurídicos.

-Por favor, sapientíssimus sapiens, ¿por qué no estudiar la posibilidad de la unión profunda de la Moral con el Derecho?

-¿Usted qué quiere? ¿Que tenga que estudiar Derecho de nuevo, cuando ya mi vida está hecha y mi sistema profesional armado?