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IUS-Etica Un nuevo paradigma: Estado Etico de Derecho

El Derecho está agotando sus fuerzas y requiere de una revitalización que sólo la Moral puede brindarle

¿Y QUÈ… SI NO HAY RESPONSABILIDAD MORAL? Juan Josè Bocaranda E






LA CLAVE IUS-ÈTICA DE HOY. ¿Y QUÈ… SI NO HAY RESPONSABILIDAD MORAL?

Juan Josè Bocaranda E

La sujeción a la ley, la separación de los Poderes, el control contencioso-administrativo y constitucional, la tutela judicial, el reconocimiento de los derechos fundamentales, etc.etc, son, todos, rasgos constitutivos del Estado de Derecho. Pero, esto NADA GARANTIZA. Porque, ¿puede funcionar en la práctica alguno de dichos elementos, como es debido, sin la injerencia de la Moral, es decir, del Principio Ético, sin la RESPONSABILIDAD MORAL DEL FUNCIONARIO?.

EL “ESTADO DE DERECHO” PERMANECE EN SÌ MISMO. En cambio, EL ESTADO ÈTICO DE DERRECHO se remite, necesariamente, a la MORAL. Esa es la GRAN DIFERENCIA.


LA PRESUNCIÒN DE DIGNIDAD Juan Josè Bocaranda E



Prensa



Aquì cabe de todo
LA PRESUNCIÒN DE DIGNIDAD
Juan Josè Bocaranda E

Creemos no estar exagerando cuando afirmamos que el Mundo està cayendo, cada vez màs, al nivel de su propia destrucción. Los hechos cotidianos lo evidencian: el desprecio hacia los valores espirituales y morales; la apología del crimen; la prèdica diaria de la violencia contra la razón; las lecciones permanentes de una televisión podrida; el incremento de la crueldad; la generación de armas cada vez màs destructivas; la preparación acelerada de los “robots guerreros”, para una destrucción màs inhumana y radical; la voracidad de las grandes (pre)potencias; la indolencia respecto al mal ajeno; los abusos de las empresas  farmacéuticas; la ausencia creciente de la compasión; la muerte de la generosidad; la búsqueda del confort aun con menoscabo de los màs altos valores; la distorsión de la naturaleza en los màs diversos aspectos; los peligros reales de la manipulación ciega  de la genética; la ceguera de  los  “científicos” que a cuenta de tales se creen superiores a la verdad; el aumento del consumo de drogas y la constante creación de otras cada vez màs demenciales; y el descaro de los malvivientes y asesinos que, cuando los aprehende la autoridad, exigen el respeto de “sus” derechos,  contradictoriamente violados por  ellos, en forma permanente…

En fin, son tales los hechos y las circunstancias de crueldad y de “in-humanidad”, que nos vemos obligados a revisar algunos “principios”, como aquèl que se refiere a la dignidad humana.

Se ha dicho, en efecto, que el ser humano  merece respeto porque es digno de ello, de por sì, por obra de su propia naturaleza: basta que se trate de un ser “humano”, para que todos debamos reconcerle sus derechos, sin condiciones.

Sin embargo, cuando confrontamos el principio de la dignidad humana con los hechos cotidianos ya enumerados, hemos de llegar a la conclusión de que ese principio debe operar a manera de una presunción y no de un paràmetro fijo, inexorable.

A nuestro modo de ver, vistas aquellas circunstancias negativas, el principio de la dignidad humana  quedarìa asì, por lo menos en cuanto atañe a nuestra propia convicción: “SE PRESUME QUE TODO SER HUMANO MERECE RESPETO EN LA MEDIDA EN QUE ÈL MISMO REALICE SU DIGNIDAD. Y REALIZA SU DIGNIDAD EN LA MEDIDA EN QUE DEMUESTRE QUE ÈL, A SU VEZ, RESPETA LA DIGNIDAD DE LOS DEMÁS”.

Conforme a este “principio revisado”, un sujeto que se dedica  a violar los derechos humanos, se torna indigno de que se le respeten los suyos”, pues en realidad no los tiene: los ha perdido justamente por perpetrar hechos contrarios a la dignidad de los demás. En otras palabras: CUANDO UNA PERSONA SE DEDICA AL MAL, AL CRIMEN, ESTÀ RENUNCIANDO, IMPLÍCITAMENTE, A LA DIGNIDAD DE LA QUE ES DUEÑO SÒLO “EN PRINCIPIO”.

Un corolario inevitable de esta revisión es el siguiente: desde un punto de vista profundo, moral, sòlo pueden reclamar el respeto de sus derechos humanos, las personas que hayan alimentado ese núcleo presuntivo, mediante un comportamiento idóneo, es decir, manifestando respeto por los derechos de los demás.

Es indignante –por decir lo menos- que un bandido, cuando està en manos de la autoridad, reclame a su favor el respeto de los derechos humanos, toda vez que  ha perdido ese derecho por violentar la dignidad de los demás.

Ninguna filosofía, por màs “humanista” que pretenda ser, tiene derecho a imponer a la sociedad que reconozca la dignidad humana y respete los derechos humanos de quien, por obra de una interpretación blandengue, volverá a las calles a proseguir sus obras nefandas: ningún filòsofo ultrasensible, ningún defensor asalariado de los derechos humanos, ningún “especialista” de la dignidad humana,  puede pretender que la sociedad actùe en forma estúpida otorgando la libertad y mimos a quien la maltrata.

Los señores jueces, en vez de ceñirse maquinal e inconscientemente, a secas, al principio de la dignidad humana, deben revisar los hechos con base en las pruebas para  establecer si el procesado es “digno de la dignidad”.

INTERCAMBIO DE INFLUENCIAS ENTRE EL PRINCIPIO ÈTICO Y EL PRINCIPIO JURÌDICO






LA CLAVE IUS-ÈTICA DE HOY
INTERCAMBIO DE INFLUENCIAS ENTRE EL PRINCIPIO ÈTICO Y EL PRINCIPIO JURÌDICO.

Juan Josè Bocaranda E
 
El Principio Ético produce consecuencias trascendentales, pues subordi­na al Principio Jurídico, orientándolo extensiva e intensivamente, por lo que prevalece aun sobre la propia Constitución.
     La influencia del Principio Ético sobre el ordenamiento jurídico es exten­siva porque lo afecta en su totalidad, desde el nivel de los demás Principios Fundamentales hasta la norma ubicada en la escala más baja de la pirámide jurídica.Y, también,  intensiva porque penetra el sentido de las normas, de tal manera que su esencia debe ser inherente a todas y cada una de las disposiciones desde su concepción misma.
     Pero, a su vez, el Principio Jurídico presta un invalorable servicio al Prin­cipio Ético pues le sirve como vía de expresión, porque la Moral no cuenta con estructuras procesales propias y específicas, por lo que debe utilizar las estructuras adjetivas del Derecho.

ASUNTO DE PREMISAS. Juan Josè Bocaranda E




 

LA CLAVE IUS-ÈTICA DE HOY. 
ASUNTO DE PREMISAS.

Juan Josè Bocaranda E.

En el sistema legal tradicional rige en forma exclusiva el Principio Jurìdico, que constituye, asì, su premisa fundamental, única, implícita, universal y determinante. Por consiguiente, todas las inferencias y conclusiones del razonamiento legal tradicional, tienen carácter meramente jurídico.

En el Sistema Ius-ètico rige la simbiosis del Principio Ètico y del Principio Jurìdico,  que integran una premisa compuesta, cuya naturaleza es determinante en la pirámide de las inferencias y en las conclusiones de la Ius-ètica.

Cuando se comprende esta diferencia fundamental entre ambos sistemas,  los “disparates” y las “locuras” que algunos han querido hallar en la. IUSETCA, no son tales, si operan la inteligencia, la buena voluntad y la buena intenciòn.  Cuando esto ocurre, los planteamientos de la IUSETICA evidencian su justeza.

TU VERDADERO VALER Juan Josè Bocaranda E



Prensa
 


 Aquì cabe de todo
TU VERDADERO VALER
Juan Josè Bocaranda E

Las personas  suelen identificarse con sus circunstancias, con lo transitorio. El mèdico se identifica a sì mismo como mèdico. El abogado, como abogado. El comerciante, como comerciante. Cuando en realidad todo ello es cambiante, pasajero, prestado y hasta accidental. Porque aquèl es mèdico, pero pudo no haberlo sido por una u otra causa o motivo. El segundo es abogado. Pero pudo haber sido panadero o talabartero, y no abogado. Y el comerciante es comerciante. Pero pudo haber sido sacerdote o profesor. En fin, muy pocos seres humanos se identifican con su propio ser, con su ser interno, con su realidad interna. Por eso, al abogado que se aferra a su título, al mèdico que se aferra al suyo,  al comerciante que se aferra a sus bienes, a su tienda, a su almacenes, es preciso recordarles: todo es transitorio, todo pasa, todo fenece. Viene un tsunami, y todo lo barre. Y si te salvas porque corres a tiempo, después veràs còmo todo ha desaparecido, tu casa, tus almacenes, tus mercancías, tu caja registradora, tus documentos y hasta el banco donde conservabas tu dinero, tus joyas y tus títulos de propiedad. Si eres ingeniero y no puedes ejercer la profesión por alguna causa, ¿dejas por ello de ser hombre? ¿Dejas de tener alma y espíritu?.

Cuando alguien ha quedado sin empleo,  o ha tenido que cerrar el establecimiento comercial por falta de ingresos, por no poder pagar tan altos alquileres, o cuando ha tenido que retirar del colegio a los hijos,  en fin, cuando las circunstancias se le hayan tornado adversas, debe recordar que lleva dentro de ella la gran semilla del ser. Debe recurrir a ese convencimiento y extraer fuerzas de su verdadero ser. No nació comerciante: se hizo comerciante. Y asì como no lo era y llegó a serlo, ahora no lo es. Luego ser comerciante no pertenece a su esencia de hombre. Por lo tanto, debe apoyarse y sacar fuerzas de su ser verdadero. Nosotros no podríamos decirle còmo. Pero sì podemos recordarle algo: que debe recurrir a su propio ser.

En 1978 conocimos a un señor que en la Segunda Guerra Mundial había perdido en Rumania todo, todo, por causa de las bombas: familia, bienes, documentos. Nada probaba que había sido mèdico, graduado en una de las mejores Universidades. Ni siquiera podía probar que habìa cursado Educaciòn Primaria. Llegò a Venezuela y fue a parar al pueblo donde ejercíamos como juez de municipio. Era el mèdico rural. Nos hicimos amigos. Excelente persona. Y no por haber perdido todo se sintió perdido también èl. No. Portaba en sì la gran semilla de su propio ser, de su ser humano, de su ser interior, y recomenzó la vida. Porque su ser no dependìa de ningún título, de ninguna circunstancia, de nada ajeno a su propio valer. No se echò a morir. Recurriò a su propio valer ìntimo, y resurgió mediante un nuevo comienzo. Actuò con verdadera sabiduría. Se propuso estudiar de nuevo desde el principio, cuando  llegó a Venezuela en 1946, y escalòn tras escalòn, pudo graduarse de mèdico.

Quien actùa con este nivel de consciencia manifiesta verdadera sabiduría y renace.

La palabra “sabiduría” no viene  del verbo “saber” (“scire”), sino de “sapere”, que quiere decir tener gusto o sabor, juzgar rectamente, comprender. Por eso, sabio no es el que lee y escribe, ni el que ha leído miles de libros, sino el que ha logrado extraer lecciones de las experiencias de la vida. El que ha podido tomarle el sabor a los hechos y a las circunstancias que  le ha tocado vivir. Por eso entre la gente del pueblo hay muchos sabios que son analfabetos. En cambio, hay muchos profesores y científicos que no son sabios, pues les falta aquella “prudencia inteligente” que menciona la Biblia. Es de sabios comprender que lo que realmente vale es nuestro ser interior. No los honores, los cargos, los títulos, todo lo cual es accidental o transitorio…