A finales de la primera mitad del Siglo XX, el
Derecho se dio cuenta de sus limitaciones. Después de haber comprobado por su
propia experiencia cómo el nazismo lo había manipulado abusivamente,
utilizándolo para revestir con ropaje jurídico los más graves atropellos contra
la esencia misma de lo humano, se
sintió obligado a buscar ayuda en la Moral. Porque sólo ella, por causa de su naturaleza,
podía otorgarle la firmeza axiológica superior que hubiese logrado evitar tan
grave desviación.
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